Historia de un reto solidario, por Rafa López Galindo

Todo empezó un día en la cafetería a la que vamos de vez en cuando a desayunar. Candi, mi gran amigo desde la infancia, me comentó que tenía la gran ilusión de hacer el Camino de Santiago en 2021, Año Jubilar. Debido a su enfermedad, para él es imposible hacerlo andando, por tanto, la única solución que se nos ocurrió, fue hacer el Camino en bicicleta. Consciente de sus limitaciones, me pidió, dada nuestra gran amistad desde niños, hacerlo juntos. Su idea era comprar o alquilar una bicicleta para dos personas, un tándem, para llevar a cabo tal hazaña. Yo, por supuesto, no lo dudé ni un instante y enseguida le dije que sí, pidiéndole que se despreocupara por completo y lo dejara en mis manos.

A los pocos días me puse a ello y lo primero que se me vino a la mente era que en próximos meses sería su cumpleaños, por lo que podía aprovechar y regalarle el tándem. Estuve buscando uno que se ajustara a mi bolsillo, pero lo que me gustaba se disparaba de presupuesto y lo que podía pagar no estaba en condiciones, por lo que pensé en fabricarlo yo mismo. Había visto durante toda mi vida a mi padre crear artilugios con retales de bicicletas para divertirnos en el campo y con unos pocos de conocimientos de soldadura que tengo y con su ayuda, no resultaría demasiado difícil.

Comentando con Soraya, mi mujer, la petición de mi amigo, ella enseguida vio lo que yo ya sabía, pero me resistía a reconocer. Candi, desgraciadamente, no se encontraba en condiciones físicas adecuadas para montar en un tándem, el cual exige una gran coordinación entre los tripulantes. También lo comenté con David, amigo de la preadolescencia a quien admiro mucho y pido consejo a menudo. Él también coincidía con mi mujer: el tándem no era el vehículo más adecuado para la aventura.

Descartado, pensé en la posibilidad de fabricar otro tipo de bicicleta, pero tenía que cumplir unos requisitos indispensables. Lo que tenía claro es que tenía que llevar pedales no solo para mí, sino también para él. Bajo ningún concepto quería que se sintiese que iba de paquete y todo el esfuerzo lo iba a hacer yo. También quería que pudiera subirse y bajarse con facilidad y que no necesitara que yo le ayudara mucho. Para cumplir todos esos requisitos, la bicicleta necesitaba al menos de tres ruedas para que la estabilidad fuese máxima.

Hice varios diseños, hasta que di con lo que necesitábamos: una bicicleta con sidecar. Yo podría usar una bicicleta normal y el sidecar a Candi le ofrecía buen acceso por su altura y estabilidad. Le podía poner pedales y su propia rueda motriz, por lo que no me parecía que fuese a resultar muy difícil su construcción. Buscando, compré lo imprescindible: dos bicicletas de montaña, aunque antiguas, muy robustas. Por desgracia, no podía permitirme más, aunque el invento empezaba a tomar forma.

Enseguida empezaron a venir los problemas. No disponía de un lugar adecuado para fabricar el chasis, corazón del triciclo, porque no tenía una red eléctrica que me ofreciera potencia para realizar una soldadura fuerte y duradera. Recurrí a mi amigo Jose, "el murciano", ya que sé que él dispone de una gran potencia eléctrica en casa y sitio de sobra. El único inconveniente era que vive a una hora de mi casa y una vez que nos desplazáramos allí, era para traerlo terminado. Le pedí el remolque a mi jefe, el veterinario Eugenio Carrillo. Lo cargué de herramientas, las dos bicicletas y muchos retales de otras que tenía de anteriores inventos. Un sábado a media tarde, salimos todos hacia allí con la idea de pasar lo que quedaba de fin de semana y volvernos con la bicicleta terminada.

Llegada a Murcia. La adaptación de la bicicleta empezaba a tomar forma.

Después de darle muchas vueltas al tema, de soldar, de cortar y de pasarnos media noche trabajando, a las cuatro de la tarde del domingo ya salimos por las inmediaciones a probar aquel artilugio. Quedaba mucho trabajo por hacer, pero ya tenía forma.

Objetivo cumplido!

Ya con el chasis montado, poco a poco fui rebajando y puliendo las soldaduras para lijarlo, darle la imprimación y pintar con la ayuda de mi primo Juan Miguel, siempre a mi lado. Aunque yo podría haberla pintado, se lo propuse a un antiguo maestro de mi instituto, con la idea de animar a los chavales del curso de chapa y pintura, ya que estaba seguro de que ellos la dejarían mejor que yo, propuesta que aceptaron de inmediato.

Una vez pintada, empecé con el montaje y fue cuando me di cuenta de que no habíamos dejado el chasis todo lo bien que hubiéramos querido. Recurrí entonces a mi padre, el cual hizo las reformas necesarias y construyó la estructura del asiento para el sidecar.

Bicicleta adaptada y pintada. Ahora tocaba realizar algunos cambios.

Estructura ya fabricada y montada preparada para colocar el asiento
Estructura ya fabricada y montada preparada para colocar el asiento

Asiento atornillado y preparado para colocarle el respaldo.

Mi mujer acolchó el asiento, el respaldo y dejó la piel lista para coser. Una vecina del barrio, aparadora, se ofreció encantada para coserlo.

Soraya preparando el asiento para coserlo

David nuevamente fue indispensable en el proyecto. Diseñó y rotuló el triciclo, dándole un toque estupendo, con los colores del grupo ciclista al que él mismo pertenece: Los fardatxos.

También Mariano, padre de un amigo de la infancia y vecino del barrio de el Toscar, quiso ofrecernos su ayuda. Es un gran artesano con el esparto por lo que fabricó a mano un hermoso cesto, que guardará nuestras pertenencias durante el viaje.

El sábado 24 de febrero, coincidiendo con su cumpleaños, fue el día de la entrega de la bicicleta adaptada para que podamos hacer juntos el camino de Santiago en 2019.

 

Resultado final de la bicicleta adaptada el día en el que le hicimos entrega de la misma. Arranca el reto solidario: proyectoamistad.es

La guinda del pastel la ha puesto José Manuel, un muy buen amigo de la adolescencia, con el que siempre he tenido mucho feeling, el cual se ha ofrecido a mostrar al mundo esta historia de dos grandes amigos que nacieron juntos y morirán juntos.

Amistad en estado puro.

Firmado: Rafa.

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Grano a grano podemos crear una montaña.